Articulo

10 Noviembre, 2011

Crónica: ”Todavía hay lugar”



Aquí los boletos son más caros de lo que aparentan, y sólo porque hay un cristal que dice que la tarifa ya no es de seis pesos sino de 7.50. Son las dos de la tarde y el chofer de la ruta 52, carro 1036, detiene su camión en 8 de Julio y la Avenida López de Legaspi. Las personas no caben y a pesar de eso él grita: “Recórranse, ahí por a medias hay mucho espacio”. Y uno no sabe si lo dice en serio o está usando un tono sarcástico.

Su camión va lleno de adolescentes que van o vienen de la secundaria, de madres que llevan a sus hijos a escuelas primarias, de médicos o enfermeras que se van a bajar en la clínica 46 del Seguro Social. Del Cerro del Cuatro al Centro de la ciudad se hacen 45 minutos… y muchos berrinches.  El camionero, que viste camisa blanca con el escudo de la Alianza de Camioneros, vuelve a decir: “Recórranse”. La gente sube al camión, no sin antes ver un letrero en la ventana que dice: “Diesel 10, tarifa 7.50”.

Una a una las personas suben casi en automático. Quien da 7.50 en monedas sueltas, el chofer se los acepta. Quien da seis pesos también. Quien extiende un transvale se lo arrebata y agarra un boletito naranja y se lo avienta a los pubertos. Este hombre que nadie sabe quién es, porque  no trae gafete ni su camión tiene calcomanías de circulación en los espejos, es un hombre sincero, “ámonos, ámonos, van pa´ atrás”, les pide a las personas. Lleva prisa. Y sus usuarios ni se inmutan, a lo bueno o a lo malo, todos se acostumbran.

Si esta crónica fuera escrita para describir el servicio del transporte público, tendríamos que decir que, además de sucio, el camión está sobre poblado. Ni para adelante ni para atrás la gente puede caminar. Una mujer de pantalones entallados ve con ojos de reclamo a un hombre que ha tenido que embarrarse entre otros usuarios para pasar y poder descender; seguramente a ella le ha tocado la peor parte.

Además de que transportarse es un calvario, también hay que aguantar que el chofer no baje a las personas en las paradas oficiales, pero sí que suba a sus compañeros de trabajo en la calle Halcón y 8 de Julio, una zona prohibida. Si a eso le sumamos que le gusta comer mientras conduce y que en la unidad una mujer con el cabello dorado le va haciendo plática sentada en un asiento preferencial para personas discapacitadas, lo más seguro es que uno entienda que por más compromisos que firmen camioneros y autoridades, la suerte de los usuarios no ha cambiado con los años.

Desde el sexenio pasado, con Francisco Ramírez Acuña en el Gobierno, no hay modificaciones sustanciosas en el transporte público. Los camiones habilitados para personas discapacitadas ya lucen viejos. Los gobernadores de velocidad funcionan sólo con modelos recientes. El comportamiento de los choferes hacia los usuarios siempre deja qué desear, pero si uno es usuario de transvale, como Luis Daniel Amezcua, quien se subió en Plaza Las Torres y es estudiante de la secundaria número siete, uno entiende todo: “A mí me dan 30 pesos pa´ gastar, yo tomo cuatro (camiones) diarios y si sube ¿qué voy a comer si todo está carísimo?”.

En fin, hoy el boleto con folio 141888 de la ruta 52, carro 1036, dice seis pesos, pero en realidad costó 7.50; 25% más de lo establecido. Y todo porque un cristal del autobús decía: “Diesel 10, tarifa 7.50”.

Articulo publicado por el periódico el Informador. Créditos Redacción El Informador





2 Comments


  1. eduardo

    ke tal amigo muy bien tu cronica pero te aconsejo ke si no te alcansa uses otros medios de trasporte ke no contaminen como las bicicletas saludos el disel ya anda arriba de los 10 pesos. la tarifa debe subir para un mejor servicio.



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